Los espacios nos dicen mucho antes de iniciar un recorrido dentro de ellos. A veces basta con cruzar la puerta para intuir si un espacio ha sido pensado para vivirse o solo para verse. La iluminación como primera impresión es el inicio.
En una conversación reciente con la Revista Interiores reflexionamos sobre ese primer impacto que genera la iluminación al entrar a un espacio y sobre cómo una buena reforma puede transformar una vivienda antigua sin traicionar su historia.
La iluminación como primera impresión, MT Studio en Revista Interiores
Una entrada bien iluminada no necesita más intensidad, sino mejor intención. Trabajar con temperaturas cálidas, iluminación indirecta y diferentes capas de luz permite construir espacios que acompañan. La luz pasa de ser utilitaria a convertirse en atmósfera.
“Una luz blanca y plana aplana los volúmenes, elimina las sombras y borra las texturas”, continúan. “Sin duda, todo se ve, pero nada se siente”

Reformar sin borrar, escuchar antes de actuar
En una vivienda antigua, la reforma no empieza con planos, sino con observación. La iluminación como primera impresión, la luz natural, los materiales que han resistido el tiempo, las proporciones de los espacios o la forma en la que se recorre la casa: ahí está su ADN.
Respetar la esencia no significa conservar todo intacto. Significa entender qué merece permanecer y qué necesita adaptarse a la vida actual. Abrir espacios, redefinir recorridos o actualizar materiales puede convivir con la identidad original si se hace desde el equilibrio.
Una charla pausada sobre interiorismo, memoria y experiencia, publicada en Revista Interiores, donde compartimos enfoque y sensibilidad desde la práctica real del proyecto 👉 Leer el artículo completo en Revista Interiores


